Si bien objetivo y resultado están muy relacionados, es importante establecer distinciones entre ambos.
- Cuando un colaborador o nosotros mismos nos enfocamos hacia un objetivo elegido o asignado, nos comprometemos libremente a cumplirlo y depende enteramente de nosotros poder lograrlo, en cambio un resultado no dependerá al 100% de nuestras posibilidades, debido a que existen variables que pueden escapar a nuestro control. No sabemos qué ocurrirá en el futuro, no tenemos certeza.
- Lo importante es situarnos en una posición de responsabilidad (orientación a objetivo) y no en una posición de control (orientación a resultados). Si nos orientamos a un resultado y no lo conseguimos, es my probable que lo vivamos como problema, en cambio si nos orientamos hacia un objetivo podemos valorarlo como un reto o una posibilidad. El orientarnos a un objetivo nos permite equivocarnos y aprender, buscar nuevas opciones, ampliar y conseguir un objetivo más retador.
- El estado de ánimo que generamos cuando estamos orientados hacia un objetivo del que nos sentimos comprometidos, suele ser la ilusión, las ganas, el tesón de conseguirlo y poner todo lo que está en nuestras manos para lograrlo y, si lo lo conseguimos, habremos aprendido y se nos abrirán nuevas posibilidades. Mientras que si nuestro foco es en el resultado, probablemente generemos sentimientos de angustia, preocupación o miedo si vemos que no seremos capaces de lograrlo.
